CÓMO GESTIONAR EL ESTRÉS: 3 TRUCOS

¿Qué es el estrés?

El estrés se define como la percepción, real o irreal, de que una demanda específica es superior a los recursos de los que disponemos, tanto físicos como psicológicos. Es decir, es la sensación de “no llegar” a nuestros propósitos.

Podemos diferenciar el estrés en dos tipos:

  • Estrés agudo: es el estrés a corto plazo que desaparece rápidamente. Podemos sentirlo cuando peleamos con nuestra pareja o evitamos un accidente de tráfico frenando de golpe. Es desagradable pero adaptativo porque nos ayuda a controlar las situaciones peligrosas y a hacer cambios cuando es necesario. Todas las personas podemos sentir estrés en diferentes momentos de nuestras vidas.
  • Estrés crónico: es el estrés que dura un tiempo prolongado, durante semanas o meses. Es posible que, nos acostumbremos tanto a vivir en él, que no nos demos cuenta de que supone un problema.
    Además, incluso el estrés agudo procedente de algo específico puede aprender a manejarse si se repite mucho en el tiempo en diferentes circunstancias, por ejemplo.

¿Cómo saber si padezco estrés?

Las consecuencias más comunes a las que puede dar lugar el estrés son:

  • Síntomas físicos: fallos de memoria, dolores y achaques frecuentes, dolores de cabeza, falta de energía o concentración, problemas digestivos, problemas para dormir o excesiva somnolencia, problemas sexuales, tensión muscular…
  • Síntomas psicológicos: como síntomas emocionales podemos destacar la ansiedad, el miedo, la irritabilidad y la confusión. Pueden aparecer además pensamientos obsesivos, autocrítica excesiva, preocupación por el futuro que dificulta nuestro día a día…

Estos síntomas pueden servir como alarma para avisarnos de que debemos hacer un cambio en nosotros mismos y/o en la situación experimentada.

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¿Qué puedo hacer para enfrentarlo?

La forma de manejar el estrés depende enormemente de sus causas, por lo que primero deberá llevarse a cabo una evaluación exhaustiva del problema. Podemos destacar tres causas principales (pero no las únicas) y tres trucos de podrían derivar de ellas:

  1. Expectativas muy altas sobre mí mismx o la situación:

Es posible que algunos miedos que estén en el fondo (miedo al qué dirán, deseo de ser el mejor, presión por cumplir etiquetas impuestas o autoimpuestas, etc) puedan estar produciendo nuestras sensaciones desagradables.

Si te identificas con esto, te recomiendo que hagas lo siguiente: escribe dos listas, una con lo que realmente se espera de ti en la situación concreta y otra con las expectativas de los demás o propias que colocas, así como los miedos, etc., si eres capaz de identificarlos.

Esto puede ayudarte a ser más objetivo en algunas situaciones críticas.

  1. Perfeccionismo y autoexigencia de base:

A lo largo de nuestras vidas vamos confirmando la imagen propia a través de diferentes vías. Puede que, en el pasado, nos hayamos demostrado que nuestra ejecución puede estar lo más cerca posible de la perfección.

Sin embargo, tratar de llegar a esto puede resultar complicado cuando nuestras circunstancias van cambiando. Adaptarte a las nuevas situaciones implica dedicarle el tiempo necesario a cada actividad y, a veces, exponernos a ciertos errores y asumir nuestra propia imperfección.

Si te identificas con lo que lees, puedes probar a hacer lo siguiente: fija tiempos específicos para cada actividad, reduciendo el que puedes llegar a emplear revisando cada una y tratando de llevarlas al extremo de la perfección.

  1. Demanda realmente superior a mis recursos actuales:

En algunas ocasiones, es posible que la demanda concreta sea realmente superior a los recursos de los que disponemos (picos de trabajo, situaciones personales que no sabemos cómo abordar, etc.).

Si es tu caso, te recomiendo que actives el «modo supervivencia»: en él, es entendible que cometas algunos fallos siendo consciente de que la situación es superior a tus capacidades actuales. Normaliza esa sensación y céntrate en la finalización de la etapa difícil. Por supuesto, este truco solo puede utilizarse en el corto plazo. En el largo, probablemente hubiera que desplegar soluciones de otro tipo.

También puede que esta sensación nos ayude a identificar cuáles son nuestras limitaciones y nos ubique en el punto exacto que necesitamos mejorar. Esto significa que, si identificamos bien de dónde procede y nos conocemos bien, podemos convertir el estrés en un punto de partida para aumentar nuestros recursos.

Es posible que necesites la ayuda de un profesional de la salud mental para descubrir cuáles son las posibles causas de tus síntomas y sensaciones y poder ponerle solución a tu problema.

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